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| Elizabeth Trujillo Huazo |
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En los años de escuela, al escuchar las palabras Gastronomía e Historia, las podía asociar fácilmente a una Historia de la Gastronomía que quizá tenía que ver con el área del turismo y la Hotelería. En esos momentos asociar la Gastronomía como vía para el conocimiento, rescate y reconstrucción del pasado me hubiera sonado algo muy aventurado e incluso inexistente.
Esta cuestión no sonaría tan absurda a la luz de la lectura de los trabajos realizados por la segunda generación de la Escuela de Annales y de trabajos de Geroge Duby, Lucien Fuevre, y de otros historiadores que voltearon su vista hacia la construcción de la historia de la vida cotidiana, así surgiría la historia de la mentalidades y con ella un sin fin de posibilidades de construir y rescatar el pasado. Quedando atrás la historia de bronce como llama Luis González, y marcando el inició de una revaloración de los aspectos culturales de cada país y región. Y aún cuando me interesaron estos temas, nunca consideré que la Gastronomía podía ser una ventana al pasado y con ello poder enriquecer la reconstrucción de la historia.
Considerar la Gastronomía una ventana del pasado, y por cierto una muy rica y además vigente. Fue algo que empecé a conocer a través de las clases que Edmundo Escamilla impartió en el Castillo al grupo de voluntarias, del cual formé parte. En esas clases no sólo se discutieron cuestiones de historia, arte: además comenzamos a conocer un poco de estos temas a través de la Gastronomía, y a esta palabra correctamente. Por que entonces dejé de asociarla con turismo y cocina, y la relacioné con la cultura. Así conocí una poco de historia y arte a través del mole, de tortillas, frijoles y más.
Una de las experiencias más gratas fue saber del impacto que puede tener la Gastronomía dentro de la vida cotidiana, y qué tan interesante puede ser para la mayoría de la gente. De ello me pude dar cuenta a través del ciclo de charlas degustación que se organizaron en el Castillo de Chapultepec, en donde la combinación de detalles históricos explicados amenamente por Edmundo Escamilla y la acertada selección de platillos de aquella época realizada Yuri de Gortari. Así como la excelente sazón que cada uno de los integrantes de la cocina imprimieron en ellos. Lograron recrear para los asistentes noches de ensueño, que los acercaron más a Maximiliano, a Carlota, a los festines de hace un siglo, a Benito Juárez, etc. Y estoy segura que más de uno, entre el deleite de los sabores y la magia de las palabras, se pudo sentir en la mesa de Emperador; como un habitante de México en el siglo XIX. Es decir vivió como quizá nunca lo había hecho un poco de historia, un poco de las costumbres y tradiciones que enriquecen al país en que vivimos.
Con este hermoso panorama, y convencida al cien por ciento, de que dar a conocer la historia desde la Gastronomía era uno de los medios más adecuados para su difusión y conservación, acepté trabajar en la parte de investigación. Mi primer acercamiento fue a través de una recopilación bibliográfica, sobre todo el material que se había publicado, hasta el momento, en Gastronomía. Con lo cual me fue posible darme cuenta la enorme variedad de trabajos que existen sobre el tema. Además esta compilación no sólo incluyó libros de cocina sino además un amplio repertorio de libros que complementaran el tema, que iban desde libros de historia hasta novelas. Con lo cual las dimensiones de la riqueza de la Gastronomía se hacia evidente en cada una de las áreas del cocimiento.
Posteriormente mi experiencia fue mucho más gratificante cuando me invitaron a cubrir las clases de Patrimonio Gastronómico del siglo XIX al XX y de Gastronomía Mexicana, en la Universidad Autónoma del Estado de México. Mi experiencia fue enorme ya que pude tener contacto con los futuros “Chefs”, quienes se interesaron en relacionar la Gastronomía con el arte y la literatura. Se desarrollaron trabajos con una riqueza en contenido y estructura, que me dejaron con la boca abierta, ya que el intercambio fue en ambas direcciones. Para mí fue muy importante poder experimentar y ayudar a construir sabores a través del arte, rescatar el contexto de las recetas. Sin lugar a dudas es una de las experiencias más importantes en el desarrollo y enriquecimiento de mi profesión. Por que medió la oportunidad de experimentar nuevas maneras de dar a conocer la historia y también de vivirla de manera diferente a la propuesta por los grandes catedráticos. Con esto descubrí que de verdad existen diversas formas de dar a conocer la historia, y que éstas pueden ser sumamente atractivas e interesantes para cualquier público y no por ello necesitan ser complicadas, como a veces se nos presentan en ciertos textos.
Mi experiencia y enriquecimiento también ha ido creciendo a partir de las investigaciones que he realizado sobre diferentes temas de la Gastronomía sobre todo mexicana, sobre la cual no sabría nada si no fuera por estos trabajos. Esto me hace darme cuenta del enorme trabajo que falta por hacer para un rescate real de la riqueza cultural de nuestro país. Y concretamente en el caso de la Gastronomía por ser una de más vigentes, estamos a tiempo de rescátala y no perderla como otras tantas que ya se han perdido en el olvido. Falta un enorme compromiso no sólo de los futuros gastrónomos, sino demás profesionistas que pueden aportar y enriquecerse aventurándose a este mundo tan interesante de la Gastronomía. Agradezco muchísimo la oportunidad y el enorme apoyo que he recibido de Edmundo, Yuri y de todo el equipo, para poder conocer y adentrarme a este mundo que a base de mucho esfuerzo a construido “La Bombilla”. Es una hermosa experiencia que en mi mente y corazón llevaré día a día.
Elizabeth Trujillo Huazo
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| Marzo 2007 |
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