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| Mariana Coria López |
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Entre ollas, cazos y cazuelas “La Bombilla” ha significado para mí la reafirmación de una de mis grandes pasiones: La Gastronomía. El trabajo que he desempeñado en este lugar no ha sido mucho, sin embargo la huella que hasta ahora me sigue marcando es la definición que ha conceptualizado mi vida profesional. Trabajar junto a los dos grandes maestros Yuri de Gortari y Edmundo Escamilla ha sido una reinvención diaria de mí, con respecto a las artes culinarias; pues a su lado todos los días hay algo nuevo qué aprender. Ellos me han permitido ver más allá de la fabricación de los olores y sabores de una cocina, me han hecho entender el verdadero significado del quehacer gastronómico. Bajo un ambiente de fraternidad, he comprendido que la gastronomía se hace a través de disciplina, esfuerzo y entusiasmo por el trabajo.
Tal vez deba decir que antes de comenzar mis estudios profesionales en gastronomía, nunca me interesé por ella, y que contrario a muchos de mis compañeros mis intereses siempre fueron el estudio de la Historia y la Antropología. Al comenzar a estudiar la licenciatura en Gastronomía me di cuenta que a través de ella podía tener un claro acercamiento a estas dos disciplinas, ayudando así al rescate de nuestras tradiciones y costumbres culinarias. Durante la carrera tuve la oportunidad de colaborar en una revista, gracias a la que pude contactar a Yuri de Gortari. Yo ya tenía la idea de su labor dentro de la difusión de la cocina mexicana, y estaba muy interesada en contactarlos pues eran los únicos que se dedicaban al estudio histórico de la gastronomía mexicana, cosa a la que yo también me quería dedicar.
En un evento que fui a cubrir por parte de la revista, uno de los expositores fue Yuri de Gortari, las mariposas comenzaron a volar en mi estómago, y muy nerviosa me presenté ante él, le platiqué de mi interés por la gastronomía y, sobre todo, de mi interés hacia la labor que ellos hacían. Muy amablemente, Yuri de Gortari me dio su tarjeta y así fue como entre en contacto con ellos.
Al pasar del tiempo, ya teniendo más comunicación con Yuri de Gortari me presentó a Edmundo Escamilla, quien me pareció una de las personas más fascinantes de este mundo, y ambos me invitaron a participar en un evento realizado en el Museo Franz Mayer, y a partir de ese momento me quedé enamorada de su labor.
Y tras esta experiencia, vinieron muchas otras, que me han permitido crecer como profesionista pero sobre todo como persona, pues al estar con Yuri de Gortari y Edmundo Escamilla aprendes a valorar el trabajo, a través del respeto que siempre muestran hacia tu labor. Con ellos he aprendido que el verdadero trabajo de la gastronomía está tras bambalinas, pues todo lo demás es efímero, y el verdadero sentido está en la humildad, la sencillez y el esfuerzo.
Y qué decir de los maravillosos recintos, que con voces silenciosas nos cuentan sus historias, a cambio del calor de nuestros guisos y el tintineo de los cubiertos puestos en majestuosas mesas, en espera de los comensales ávidos de historia y comida. El trabajo se hace mágico, no importa nada, ni las largas jornadas o el cochambre pegado de las ollas, todo aquello pareciera como vivir en un cuento de fantasía. Yo tuve un sueño que se hizo realidad cuando comencé a trabajar junto a mis dos grandes maestros, Yuri de Gortari y Edmundo Escamilla.
Mariana Coria López
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| Marzo 2007 |
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