Experiencias y testimonios
 
 
 
Mariana Arreucoechea
Mi estancia en “La Bombilla” la divido en dos grandes aprendizajes: El primero es el de reafirmar que la cocina es no sólo mi profesión, sino también mi vocación. Aprendí que el día a día dentro de una cocina es muy difícil y sin duda tienes que tener un carácter muy especial, para aguantar todas las emociones que se viven entre fogones. En “La Bombilla” encontré a un equipo de trabajo que me hizo pasar de una emoción a otra y de odiarlos de vez en cuando a considerarlos mi familia.

“La Bombilla” me enseñó a que a pesar de las jerarquías que hay en un lugar de trabajo, es importante que el líder del grupo se dé a respetar, no por ser duro e incluso lejano a su equipo, sino por demostrar que su liderazgo radica en el conocimiento y hasta cierto punto, la sabiduría con la que sabes manejar cada una de las situaciones que se te presentan, ese aprendizaje es el que no quiero perder y llevarlo muy presente en toda mi vida profesional. El segundo aprendizaje, y no por eso menos importante, es el de haber tenido una familia en ese trabajo, eso es algo que sin duda no tendré jamás en ningún otro lugar, y por eso siempre voy a agradecer que Yuri y Edmundo hayan sido mis primeros jefes, porque sin duda todo el aprendizaje aunado al amor que me dieron fueron y serán la razón por la que yo decidí quedarme en ese mundo tan duro, muchas veces, pero que te hace formar relaciones entrañables, más que jefes ellos siempre se preocuparon por ser maestros, amigos y consejeros, por formar a profesionales más que a cocineros; me hicieron ser responsable del trabajo no por cumplir con él, sino por cariño a cada contribución que hacía en esa cocina, me enseñaron a que cocinar no sólo es picar, freír, cocer y servir, sino que en un platillo se pueden aprender historias de amor, de guerra y que incluso puedes conocer a países enteros por medio de su gastronomía.
 
Marzo 2007