Recomendaciones
 
El mercado central de Valencia
Valencia, España
 
 
 
TEXTO: YOLANDA ALONSO

La primera cualidad del viajero es la inocencia, su conocimiento del lugar se basará en la intuición y en gran medida en la oferta de la infraestructura turística que no responde necesariamente a verdad y calidad. Sirva de consuelo que todos pasamos por el noviciado en los viajes, alguna vez pagamos de más, nos perdimos por las indicaciones de otro, sentimos malestar con la comida, nos desilusionamos… Es el precio de la inocencia y la confianza, primeras cualidades del viajero.

Sin embargo existe un lugar en todo destino libre de engaños, el mercado. En él podemos darnos una idea del coste de vida, del carácter de la gente, del ritmo de la ciudad y por supuesto de su sabor. Comparto entonces una visita al Mercado Central de Valencia: como aperitivo encontrarán desde fruta cristalizada hasta turrones, paelleras alineadas de varios precios, tamaños y calidades son la invitación para acercarse al siguiente puesto y disfrutar de una paella valenciana –servida con pollo-, de mariscos o verduras o de un arroz al horno; durante la degustación no faltarán comentarios de política y el buen humor de la gente que convive día a día en el entorno del mercado. Ya en su interior se ofrecen frutas, verduras, especias, las representativas piernas de jamón, carnicería, abarrotes y en sección aparte los mariscos, donde vale pedir una sugerencia para elaborar una paella, considerando el número de comensales y lo que apetezca comer; el tendero hará una selección de gambas, almejas, sepia, todo muy fresco. Por supuesto cualquier comida se acompaña con una barra de pan, salida del horno de las varias panaderías del mercado, donde también se elaboran empanadas de espinacas, pisto, bocadillos de jamón y queso, napolitanas de crema con cacao... Debe prever sus compras para antes de las dos de la tarde, pasando la hora difícilmente verá el mercado en su esplendor y habrá que acudir al súper, donde resta la experiencia de seleccionar y preparar nuestros alimentos, además de ser más caro. Queda la invitación pues, para visitar los mercados, incluso el de la propia ciudad, porque para vivirlos hay que llenarse de su color, apariencia, sonido, aventurarse a probar e imaginar el resultado de los ingredientes.

   
Yolanda Alonso Acevedo
Enero de 2009.