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Las Diosas de la cocina

  • 9 abr
  • 8 Min. de lectura

Coatlicue, Isis, Afrodita, Pachamama, Ceres, Hera, Atenea, Kali… todas mujeres, diosas y creadoras. Las representaciones (antes del monoteísmo) del origen de la vida, de la fertilidad de la tierra, el origen de las personas, las madres de la naturaleza, las madres de todo. Ejemplos de ellas las hay en mitologías a lo largo del mundo, y no solo representaban la capacidad femenina de procrear, también eran patronas de la creatividad, de la creación. 


En las cosmovisiones previas al monoteísmo, al menos en el caso de las mesoamericanas que revisaremos en este texto, aquello que se consideraba divino era una manera de catalogar, ordenar y sistematizar fenómenos naturales, así como preservar y transmitir saberes. Es por ello que en esta ocasión buscamos recuperar ejemplos de las deidades que nos enseñaron a cocinar, extraer la sal tan necesaria para el día a día, o a obtener el vino. Mostrando además el papel que desempeñaban las mujeres en la consolidación y subsistencia de las mujeres.  


En las culturas que hoy revisamos, distintas representaciones femeninas además de dar vida eran las encargadas de sostenerla, es decir, de proveer el alimento que hace posible la subsistencia. Su papel no era sólo representar la obtención del recurso a través de  la recolección, la agricultura, incluso la caza, sino que tenían un rol activo en la transformación de los elementos. Transformación a través del conocimiento, con tecnología y experimentación, lo que les permitió conservar, dar sabor e inventar nuevas formas de comer. 


Su cosmovisión no solo daba valor al mero hecho de obtener el alimento, su transformación y las habilidades que eso conllevaba eran literalmente consideradas divinas, un regalo de los dioses, bueno de las diosas. Es posible que esa valoración de la transformación en la cocina como algo divino sea lo que nos ha llevado a poner tanto interés en la comida, a ponerle tanto empeño a la creación, a ser tan abundantes en las festividades. 


Algunas de estas deidades eran adoradas desde los tiempos de los olmecas, pero también por otras culturas por ejemplo los teotihuacanos, toltecas, totonacas entre otros y aunque sus geografías e incluso temporalidades fueron distintas, el proceso de sincretismo ocurrió. 


Según el historiador Francisco Xavier Clavijero,  “las otras naciones del Anáhuac tenían casi los mismos dioses que los mexicas; sólo variaban en las solemnidades, en los ritos y en los nombres [...] los Tlaxcaltecas, aunque rivales eternos de los mexicas adoraban las mismas divinidades que ellos… los tezcocanos, como amigos,  confederados  y vecinos de los mexicanos, se conformaban con ellos en todo lo relativo al culto.”   

Un proceso similar al que ocurría con el dominio del imperio romano, que después de conquistar un reino llevaban sus propios dioses e incorporaban algunos de los oriundos. Así, una deidad podría tener distinto nombre pero las mismas atribuciones. 


Por eso, en esta ocasión conoceremos algunas deidades y gobernantes que fueron  adoradas precisamente por eso, por su capacidad de transformar y por medio de esa transformación cuidar y sostener la vida. 


El maíz, origen de todo


El maíz, la principal fuente de alimento para los pueblos mesoamericanos y uno de los primeros cultivos domesticados, por lo que era sumamente valorado. Cada una de las etapas de su crecimiento era identificada con una deidad distinta. 


Cinteotl era el dios de la planta, su equivalente femenino era Centeocihuatl como patrones del ciclo de la vida del maíz. Pero también tenemos a Xilonen que era la representación de la mazorca tierna. 


Las crónicas históricas de por ejemplo Bernardino de Sahagún y Tomás de Torquemada recuperan que esta figura tenía su celebración el mes ocho (de 18) al que llamaban Uey Tecuilhuitl en la que los grandes señores daban de comer a todos los pobres, hombres y mujeres, niños y niñas, viejas y viejos.  Y antes de los sacrificios algunas mujeres y hombres  hacían un baile con los cabellos sueltos en la cabeza y la espalda, esto porque se considera que los pelitos de la mazorca indican cuántos granos tendrá, entre más pelitos, más granos, y será más aprovechable. Con el baile deseaban que las mazorcas tuvieran muchos granos. 


Luego tenemos a Chicomecóatl, también conocida como Chalchiuhcihuatl que era la diosa de los mantenimientos, de todo lo que se come y bebe.  Se decía que fue la primera mujer en hacer tortillas y la inventora de guisos.Tenía dedicado el cuarto mes “Uey tozoztli” que iba precedido por algunos días de ayuno que en el actual calendario podría ser durante el mes de abril.  


Representación de la diosa Chicomecóatl hecha de arcilla. Tomada de "Evidencia de imposición de cultos mexicas en Tetzapotitlan". ENAH.
Representación de la diosa Chicomecóatl hecha de arcilla. Tomada de "Evidencia de imposición de cultos mexicas en Tetzapotitlan". ENAH.

También recibía sacrificios humanos, pero no era lo único, al ser ella la transformadora del maíz, se hacían ofrendas de figuras hechas con masa y toda clase de guisados, se celebraba pues la variedad de opciones, la transformación y estaba asociada a la mazorca madura.  También le llamaban Tonacayahua o Tonacacihuatl, es decir “señora sustentadora de nuestra carne”. 


Fray Bernardino de Sahagún cuenta que “el primer nombre quiere decir culebra de siete cabeza que le era puesto por el mal que hacía los años estériles cuando había necesidad y hambre” mientras  que el segundo nombre quiere decir “mujer de las piedras preciosas” haciendo referencia a que ese año fue abundante en cosechas; en agradecimiento se elaboraban las grandes fiestas y ofrendas.  


En su festividad también rendían culto a Cinteotl pues se llevaban al Cu o templo las mazorcas que se usaron luego para sembrar, para bendecirlas, esperando abundancia en la cosecha. 


La diosa de la sal 


Junto con Chicomecoatl, otras dos deidades se consideraban principales: Chalchiuhtlícue, diosa del agua, hermana de los dioses de la lluvia y Huixtocíhuatl diosa de la sal. Eran de suma importancia pues se decía que “estas tres diosas mantenían a la gente popular, para que pudiese vivir y multiplicar”


Huixtocíhuatl, diosa de la sal. Foto de: Antropología Mexicana. Vol XXV. Num 149
Huixtocíhuatl, diosa de la sal. Foto de: Antropología Mexicana. Vol XXV. Num 149

Es hermana mayor de los tlaloques o dioses de la lluvia, con los que tiene un desencuentro; esto ocasiona la falta de lluvias, por lo que es perseguida y desterrada a las aguas saladas donde acumula la sal en tinajas, por eso se le atribuye el conocimiento para recuperar la sal. Su agua no es pura, pues sale de las axilas, de la sangre y de las lágrimas de la diosa. 


La sal se utilizaba de múltiples formas: curar abscesos, limpieza dental, salar la carne o curtir piel; esto la hace importante para el intercambio, además de que proporciona riqueza y estatus.  En la época era capaz de “crear monopolios y desarrollo económico [...] puede causar conflictos por la posesión de las salinas  si consideramos que su control garantizaba independencia política y económica”.


Los escritos del Fraile de Torquemada indican que era especialmente valorada entre la gente de la laguna y sus riberas “por razón de ser todos salineros y tenerla por abogada”, especialmente entre los mercaderes. La festividad ocurría el primer día del séptimo mes que en la equivalencia sería el cuatro de junio según el fraile. Los mercaderes hacían su fiesta, cada uno en su provincia con bailes, ofrendas y sacrificios. 


Mayahuel, diosa del pulque


El pulque, bebida milenaria tan fundamental en la cocina y en las mesas,  fue descubierta por una mujer, por Mayahuel. De acuerdo con Bernardino de Sahagun, fueron las familias olmecas quienes inventaron “el modo de hacer el vino de la tierra, era mujer la que comenzó y supo primero agujerear los magueyes para sacar la miel de que se hace vino”. 


El líquido extraído necesita fermentar para convertirse en vino, antes de la fermentación es aguamiel de amplio uso, incluso para la elaboración de atoles y muy preciado cuando el agua pura escaseaba.


Mayahuel significa “diosa de las cuatrocientas tetas” con las que alimenta a sus hijos los Centzon Totochin o “cuatroscientos conejos” que son los dioses de la embriaguez. 

Pero del maguey se usa todo, las puntas para coser y para actos ceremoniales, la piel para cocinar, las fibras para tejer y hacer papel, las pencas para la leña, por eso era sumamente apreciada y celebrada con sacrificios, ayuno y grandes fiestas. 

Representación de Mayahuel. Tomada de:  El maguey y el pulque en los códices mexicanos.
Representación de Mayahuel. Tomada de: El maguey y el pulque en los códices mexicanos.

El fuego del hogar 


Los Xochimilcas veneraban a Chantico que significa en el hogar, y es la patrona del fuego del hogar o del fogón. En los Anales de Cuauhtitlan, un libro de referencia para el estudio prehispánico se mencionan a los guardianes del fuego del hogar, es decir “las tres piedras del tenamaztli: Mixcoatl, Tozpan e Inhuit. El tenamaztli se conformaba por estas tres piedras sobre las cuales se ponían las ollas, cazuelas, jarros y el comalli” 


Para honrarles se arrojaba el fuego el primer bocado,  a ciertas horas del día y de la noche se ofrecía copalli y se dejaban flores junto al fogón. Chantico tenía su propio Cu o monasterio y se celebraba su fiesta en fechas móviles también con sacrificios. 


Otros autores señalan que Chantico era invocada desde el proceso de construcción de una casa. Una vez construida se establecía el lugar del fogón y  se sacralizaba este espacio junto con las  tres piedras que han de sostener el comal, para esto se acostumbraba la participación de sacerdotes. También protege a los de la casa especialmente a los que han de participar en la guerra. 


La única gobernante Xochimilca 


Este caso no se trata de una deidad, sino de una mujer de la nobleza Xochimilca. Fue la primera y la única mujer gobernante del pueblo Xochimilca y rigió por 12 años. Se cuenta de ella que era “muy emprendedora y amante del progreso“, su nombre es Tlazocihualpilli quien estuvo al frente de su pueblo entre 1335 a 1347. 


Las crónicas y leyendas de Xochimilco indican que ella era devota de la diosa Chicomecoatl quien tenía su propio adoratorio donde le ofrendaban todo lo que se produce en las chinampas.  


Tlazocihualpilli para las festividades religiosas y otras ceremonias inventó al menos dos platillos “chiatolli, así como los sabrosos capoltamalli hechos de capulines macerados  envueltos en hoja de totomoxtli y cocidos al vapor en ollas, manjar que vino a constituir una golosina solo para la garganta de los reyes” cuenta Santos Acevedo en su libro Xochimilco, su historia y sus leyendas.  Otras fuentes le adjudican también la invención de los esquites.   


Estas son solo algunas de las mujeres cuyas habilidades, conocimientos, poderes y creatividad eran veneradas, pues permitieron el crecimiento de pueblos. Son las que nos heredaron el conocimiento para preparar un fogón, para conservar un platillo, para crear algo completamente nuevo. 


No eran sin embargo las únicas deidades femeninas, también había las dedicadas al desarrollo de herramientas, como puntas de caza, telares, técnicas de alfarería, y la medicina. Su presencia dentro del  calendario de festividades como dentro de la cosmovisión no sólo nos habla del papel fundamental que jugaba la mujer dentro de las sociedades antiguas, que no se reducía a acompañar, eran parte activa del desarrollo de la tecnología, y de la organización de las comunidades. 


Eran valoradas y admiradas no necesariamente desde la jerarquía divina del dios todopoderoso que nos da las cosas exactamente como son, sin intervención alguna. Al contrario, estas mujeres eran respetadas por sus conocimientos y por su capacidad de transformar los elementos, servirlas implicaría conocer sus técnicas, honrarlas implicaba como ellas, transformar, crear. 


Sus personalidades y poderes nos invitan a pensar en su habilidad e inventiva como una cualidad inherente a la humanidad, la posibilidad de la creación como un hecho tangible en el día a día, más que como un acto divino, inalcanzable o sobrenatural. Diosas que son reflejo de lo que nosotros mismos somos capaces de crear. 




Referencias 


  • Bernardino de Sahgún, Códice Florentino. Consultado en :https://florentinecodex.getty.edu/es 

  • Fernandez Adela. 1983. Dioses prehispánicos de México. Mitos y deidades del panteón náhuatl. Panorama Editorial.  

  • Manjarrez, Silvia. 2010. Crónicas de la mujer en el milenario Anáhuac. Porrúa. 

  • Monzón Flores, Martha. 2018 . Huixtocíhuatl, diosa de la sal. Antropología Mexicana. Vol XXV. Num 149.

  • Tesis doctoral, Mtro. Emmanuel Márquez Lorenzo, Evidencia de imposición de cultos mexicas en Tetzapotitlan. Escuela Nacional de Antropología e Historia.




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