Colores de la cocina mexicana: colonche
- 9 abr
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Imagina un color que no solo se ve, sino que se bebe. Un rosa purpúreo que vibra como un latido solar, tan intenso que parece arrancado de una pintura de Frida Kahlo. Pantone lo llamaría "Beetroot Purple", pero nosotros lo conocemos como la sangre fermentada de un nopal.
Nochol o Colonche: susurro ancestral, enigma líquido que late entre agosto y octubre, cuando la tuna cardona madura sus secretos en los territorios áridos del centro-norte.

Dos mil años de historia destilados en cada sorbo. Un legado que se desvanece entre los cambios climáticos y el olvido, como un códice antiguo cuyas páginas se desintegran lentamente. ¿Quién recuerda ya estos rituales líquidos? ¿Quién puede traducir el lenguaje de esta bebida que es más que alcohol, más que color?
La tuna cardona no es un fruto cualquiera. Es un susurro vegetal, una declaración de resistencia. Crece donde otros cultivos sucumben, desafiando la sequía con la terquedad de un pueblo que se niega a desaparecer. Su color no es un accidente, es una declaración: rosa mexicano, magenta al sol, un tono que grita identidad.
En el sistema @pantone : Beetroot Purple, morado remolacha.
Palabras que suenan a metáfora, poesía cromica: Tanto la tuna como la remolacha comparten un secreto: no solo dan sabor, dan color. Son pigmentos vivientes que atraviesan los límites entre lo gastronómico, lo arquitectónico, lo fashionista.
¿Alguna vez has saboreado un color? El colonche es esa experiencia. No es una bebida, es una sinestesia. Un trago que es pincelada, un sorbo que es paleta de color, un fermento que es manifesto sensorial.
Bebe colonche y serás cómplice de un secreto milenario. Bebe colonche y sentirás el rosa purpúreo corriendo por tus venas.
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Y mil gracias @comer.conalma por patrocinar el colonche y por acompañarme en mis expediciones del color.








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